Capítulo 2: El Silencio Entre Nosotros
Las palabras de Stella persistían en la mente de Cecilia como un fantasma, reproduciéndose con cruel claridad: “Nathaniel, han sido unos años difíciles para ti. Sé que no la amas. Nos vamos a encontrar esta noche. Te echo tanto de menos.”

El brillo del teléfono de Cecilia se desvaneció, pero el peso del mensaje permaneció. Un frío entumecimiento la asió mientras hacía señas a un taxi y daba al conductor las indicaciones hacia la oficina de Nathaniel. La lluvia implacable difuminaba las luces de la ciudad afuera de la ventana, las gotas compitiendo entre sí por el cristal. El sonido de la tormenta era un murmullo constante, un ritmo que se correspondía con su corazón ansioso.
A Nathaniel no le gustaban las visitas sorpresa a su lugar de trabajo, pero Cecilia no tenía elección. Entró por el ascensor de servicio trasero, sus pasos silenciosos resonando en el corredor estéril. El asistente del hombre, Marcelo Sanders, la saludó con indiferencia, ofreciéndole un seco “Señora Smith.” Su tono no transmitía calidez, sólo un leve desprecio que le recordaba su estatus invisible dentro de la familia Rainsworth.
En la elegante y moderna oficina de Nathaniel, sus afilados ojos se posaron en el teléfono en la mano de Cecilia. Su expresión se oscureció.
“¿No te dije que no me trajeras cosas que he olvidado?” Habló con brusquedad, apenas disimulando su irritación.
Los dedos de Cecilia se apretaron alrededor del teléfono. “Lo siento. Olvidé…” Su voz titubeó, sus pensamientos volviendo al mensaje de Stella.
Quería preguntarle, pero las palabras se le atragantaron. Finalmente, reunió valor. “¿Todavía sientes algo por Stella?”
Nathaniel se quedó petrificado, frunciendo el ceño en confusión antes de que la molestia se apoderara de sus rasgos. “Si tienes tanto tiempo libre, busca algo útil que hacer,” respondió cortante, desechando su preocupación con fría indiferencia.
Su pregunta quedó sin respuesta, el silencio entre ellos haciéndose más pesado. Cecilia sintió el aguijón familiar del rechazo mientras él se daba la vuelta, su desinterés cortando más profundo que sus palabras.
Al regresar a casa, la vacuidad de la casa resultaba sofocante. Intentó distraerse limpiando y fregando cada superficie hasta que le duelen las manos. Fue un esfuerzo vacío, un intento desesperado de demostrar su valía en un mundo empeñado en arrebatársela.
Pasaron horas, y el día se rindió a la noche. Aun así, Nathaniel no envió ningún mensaje. La casa se volvía más silenciosa, las sombras más profundas, hasta que el estridente timbre de su teléfono rompió el silencio.
Cecilia respondió con hesitación, el número desconocido enviándole un escalofrío por la espina dorsal.
“¿Ceci, estás ahí?” La voz almibarada de Stella se deslizó por la línea. “Nathaniel está borracho. ¿Puedes venir a recogerlo?”
Last updated on January 30th, 2025 at 07:31 pm





