Capítulo 3: Sombras de Traición y Resolución

“Probablemente nunca hayas sabido lo que es probar el verdadero amor, ¿verdad?” La voz de Stella era dulce, pero sus palabras goteaban de malicia. Su mirada se detuvo en Cecilia, afilada como una hoja. 'Nathaniel solía cocinar para mí, ¿sabías? Cuando estaba enferma, él corría a mi lado como si fuera la única persona en el mundo. Una vez, me dijo la cosa más dulce: 'Stella, espero que siempre seas feliz'. ¿Alguna vez te ha dicho que te ama? A mí me lo dijo tantas veces que lo encontraba casi infantil.”
La cara de Cecilia permanecía tranquila, sus rasgos impenetrables. Sin embargo, en su interior, sus pensamientos se agitaban como una tormenta.
Había vivido al lado de Nathaniel durante tres años, anhelando el más mínimo gesto de afecto. Sin embargo, él nunca entró en la cocina por ella. Cuando se enfermó, ni siquiera se molestó en preguntar por su salud. ¿Y amor? Esa era una palabra que Nathaniel nunca le había dicho, ni siquiera de pasada.
Su mirada firme se encontró con la de Stella. “¿Ya has terminado de hablar?”
Stella parpadeó, sorprendida. La voz de Cecilia era tan serena que resultaba desconcertante, sus ojos penetrantes cortando cualquier pretensión. Por un instante fugaz, la confianza de Stella flaqueó. Vio a la chica no como la tímida esposa opacada de Nathaniel, sino como alguien cuya fortaleza tranquila la desconcertaba.
Mientras Cecilia se alejaba, Stella sintió una inexplicable punzada de vulnerabilidad. Era como si volviese a ser una pobre huérfana, dependiente de la caridad de la familia Smith. La fachada segura que había construido a lo largo de los años amenazaba con derrumbarse.
Sin embargo, la serenidad de Cecilia era una máscara. En cuanto estuvo sola, el peso de las palabras de Stella la aplastó. Sus pensamientos volvieron a los doce años que había pasado persiguiendo el amor de Nathaniel, solo para descubrir que alguien más tenía su corazón con una pasión e inocencia a la que ella nunca podría acercarse.
Su oído latía dolorosamente, el zumbido familiar volviéndose insoportable. Quitándose el audífono, notó sangre manchando el diminuto dispositivo. Por costumbre, la limpió y lo apartó. Exhausta pero inquieta, tomó su teléfono y abrió Instagram.
Contuvo el aliento al ver docenas de notificaciones —publicaciones etiquetándola—, y las revisó, dándose cuenta de que todas eran de Stella.
Last updated on January 30th, 2025 at 07:31 pm





